Eficiencia energética

La eficiencia energética es el vistazo y el ajuste empleado al otro lado del medidor, donde se consume la energía. Su objetivo es -antes de generar la energía- reducir la demanda de está, enfocándose en las necesidades que demandan energía. Por ejemplo el objetivo de un refrigerador no es consumir electricidad, tampoco es el producir frió, su objetivo es conservar los alimentos. Ese simple cambio de mirada permite abrirse a explorar e implementar formas de reducir el consumo de energía.

La eficiencia energética tiene un peso muy relevante en el ámbito energético, de hecho, la agencia internacional de la energía y otras instituciones, está asignando a las iniciativas de eficiencia energética cerca del 50% de los esfuerzos mundiales para reducir los gases de efecto invernadero. La reducción de una tonelada de CO2 utilizando tecnologías limpias tiene un costo, sin embargo en muchos casos de iniciativas de eficiencia energética el costo neto es nulo o negativo, o decididamente es ahorro directo.

En Alemania, con un clima frio, se construyen viviendas que demandan 50 a 70 kWh/m²año. En el DF se construyen viviendas que demandan 180 a 250 kWh/m²año. Entonces se puede reducir la demanda de energía entre un 70% y 80%.

Pagamos todos los meses por el agua caliente y la refrigeración otro costo extra, un “costo de energía” que no tomamos en cuenta al comprar una vivienda y que podríamos evitarnos. Al construir una vivienda nueva, la decisión de aislarla mejor o poner colectores solares para producir agua caliente no requiere mucho análisis. El costo financiero en ese caso saldrá más barato que el costo sin esas mejoras sumado al “costo de energía”.

Un foco eficiente consume un 73% menos que un foco convencional. Un millón de focos eficientes (aprox. para 130.000 viviendas) evita el tener que construir 90 MW en centrales térmicas de generación. Evita anualmente el consumo de 160.000 MWh, la compra de 57.000 ton de carbón, la emisión de 77.000 ton equivalentes de CO2.

Otro antecedente. De 5% a 10% de la energía eléctrica en nuestros hogares es consumo stand-by: por ejemplo la lucecita que vemos cuando el televisor está apagado (pero no desconectado).

Y así podemos hablar de recuperación de calor, motores eficientes, calderas de condensación para calefacción, etc. Las tecnologías y alternativas son innumerables, abarcando todos los ámbitos del consumo de energía.

Poner la mirada al otro lado del medidor no es por cierto, el negocio de las generadoras y distribuidoras, su enfoque es a la oferta de energía y su respuesta a los problemas energéticos, será siempre el de construir más plantas y aumentar la oferta. No tienen incentivos para impulsar la eficiencia energética.

De acuerdo a varios estudios, evitar el consumo de un kWh de energía eléctrica o térmica, mediante medidas de eficiencia energética, efectuadas después del medidor y cerca del uso final, es -en muchos casos- menor al de generarlo y distribuirlo. En consecuencia evitar un kWh de consumo es más barato que suministrarlo. O dicho de otro modo, por cada peso invertido en eficiencia energética se obtiene (libera) más energía que frente a cualquier otra alternativa de generación.

En algunos países se han implementado sistemas que incentivan y obligan a las distribuidoras de energía (electricidad o combustibles) a que, antes de aumentar la oferta, realicen todas las iniciativas de eficiencia energética que sean costo- efectivas.

Ampliemos entonces el debate energético hacia el otro lado del medidor.

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